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De Galicia (y 3): Ribeira Sacra

Nuestro último tramo por tierras gallegas transcurrió por la Ribeira Sacra, una zona de espectacular belleza, que comprende las riberas del río Sil y del Miño. Está en la zona sur de la provincia de Lugo y el norte de Orense. Para allá nos dirigimos, disfrutando de sus sinuosas carreteras y de sus singulares paisajes verdes (precaución con el coche, eso sí), repletos de viñas y de castaños centenarios.

Además es una Denominación de Origen (www.ribeirasacra.org), en la que se elaboran sobre todo vinos tintos a partir de la variedad de uva mencía, tiene cinco subzonas: Amandi, Chantada, Quiroga-Bibei, Riberas do Miño y Riberas do Sil y la componen en torno a cien bodegas. Los blancos, hechos con la uva godello, representan un porcentaje mínimo de la D.O.

Nos alojamos en la Casa Grande de Rosende (www.casagrandederosende.com), en el corazón de la Ribeira Sacra, un pazo construido en el año 1511, que ha sufrido varias ampliaciones y restauraciones. El edificio se ha restaurado manteniendo Íntegramente su construcción original con gruesos muros de granito, suelos de centenarios tablones de castaño sobre sólidas vigas y techos formados por rústicos artesanados de madera. El mobiliario es original del pazo y contribuye a mantener un ambiente dieciochesco. Auténticas son sus habitaciones al igual que el resto de sus dependencias, y delicioso es el casero desayuno que sirven: bollería artesana, zumo de naranja natural, embutidos, tostadas, café, fruta… ¡Magnífico para empezar el día con fuerzas! También ofrece la posibilidad de cenar en su comedor una gastronomía de lo más tradicional (probamos unos embutidos ahumados elaborados allí y un bonito con tomate «como el de la abuela»). Y tiene como un atractivo más -junto a sus jardines, sus viñas, su porche y la amabilidad de su gente-, sus moderados precios.

Lo más recomendable, a parte de visitar alguna de sus bodegas, es hacer la excursión en barco que recorre los cañones del valle del Río Sil. Nosotros optamos por la del catamarán, para un grupo reducido de personas, con vinito incluido, y merece la pena (Preguntas en la Casa y allí te informan debidamente). Las vistas son impresionantes: enormes masas agrestes levemente suavizadas por la erosión y el cauce de río Sil. Las explicaciones que ofrece el guía-capitán de la embarcación no pueden ser más amenas, ni más interesantes. Con ellas te haces una buena idea de lo que es la zona. Según avanza el barco, impactan las viñas en pendiente sobre las laderas y a uno le cuesta hacerse a la idea de que hasta ellas pueda acceder la mano del hombre. No nos extraña que la denominen «viticultura de riesgo» y sus viticultores sean considerados auténticos héroes. Cuentan que el viñedo fue plantado por los romanos en el siglo I y posteriormente cuidado por los monjes de diferentes monasterios de la zona.

También en Rosende nos encontramos, de casualidad, con una agradable sorpresa: un lugar de nombre O Fogar de Rosende, repleto de árboles y construido en piedra que te conquista, no sólo por su cocina y su ambiente, sino por la amabilidad de sus propietarios, Miguel y Carolina. Allí cenamos una ensaladita, un pulpo a la brasa con puré de patata y pimentón picante y una carne de nombre picaña a la brasa jugosa y deliciosa…. con sus correspondientes vinos de mencía y sus orujos. Y ofrecen unos gintonics muy bien preparados,  ¡la moda llega a todas partes!

Por la zona puedes hacer excursiones a Monforte de Lemos, Sober (impresionante su hotel de 5 estrellas, Palacio de Sober), Ferreira, sus varios monasterios, Caldelas o la zona de Pantón, con sus edificios de origen medieval.

Nos recomendaron visitar Gundivos, en Sober, famosa por su alfarería y en cuyas ánforas se llevaban el vino los romanos. Está en una antigua casa rectoral del siglo XVI y se caracteriza por sus piezas de color negro, provocado por el humo que se utiliza en su proceso de elaboración y luego terminado con un barniz. Hay una sala de exposición y venta de alfarería, un museo con piezas históricas y un espacio donde realizan demostraciones.

Y el resumen final es que nos hubiéramos quedado muchos días más en esta Ribeira Sacra que es un lugar único en el mundo entero para conocerlo, vivirlo y desconectar de todo.

2 Comentarios

  1. Magdalena Merelo
    14 septiembre, 2013

    qué buena ruta de vino y cocina. me lo apunto por si puedo ir algún día. me ha gustado mucho.

    Respuesta
  2. Susana
    16 septiembre, 2013

    Me alegro mucho de que te haya gustado, Magdalena. Es muy recomendable. Un saludo

    Respuesta

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