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Pendón de la Aguilera, un tesoro en la Ribera de Duero

Acaba de salir al mercado Pendón de la Aguilera 2009, el nuevo vino de la bodega Dominio de Cair (www.dominiodecair.com), de la Ribera del Duero. Para conocer donde se elabora, visitamos sus instalaciones, pegadas a la localidad burgalesa de Aranda. Su nombre está inspirado en la cruz del pendón, un montículo rodeado de viñedos y pinares situado frente al mirador de la bodega.

Estamos ante una zona privilegiada para la viticultura, con multitud de tipologías de suelo, las mejores cepas y abundancia de viñas viejas, unión de factores que confieren una diferenciación en el sabor de los vinos.

Esta nueva referencia, que se suma a Cair Cuvée, Cair y Tierras de Cair, procede de una selección de 8 viñedos de tempranillo de mas de 80 años, aunque ni se elabora todos los años, ni siempre se utilizan los 8; sólo se seleccionan los granos de uva de máxima calidad para el Pendón de la Aguilera y tan solo se cosechan entre 1.000 y 1.500 kilos por hectárea.

Con una edición limitada de poco más de 3.000 botellas, fermenta en tinas de madera de 7.000 kilos para pasar después 27 meses de crianza. Además, parte de los beneficios que se obtengan con su venta irán destinados a los familiares de quienes plantaron los viñedos viejos de los que procede, que, de otro modo, estarían destinados a desaparecer.

Es un vino muy complejo en nariz, con numerosos matices afrutados y minerales, así como de especias. Y en la boca es un vino potente, redondo y persistente.

La bodega, que acabó de construirse en 2012, tiene 20 hectáreas de viñedo en propiedad y 90 controladas. Es un lujo recorrer sus modernas instalaciones y catar sus vinos in situ, de la mano tanto de Juan Luis Cañas, alma mater de este proyecto, y su enólogo, Daniel Martínez Benítez.

Nos gustan los vinos de Dominio de Cair (ellos aspiran a hacer «el mejor vino de la Ribera») porque trasmiten la pasión con la que están hechos y ese es un ingrediente que casi nunca falla, como también se encuentra en las otras bodegas del mismo propietario, Luis Cañas y Amaren, en la Rioja alavesa.

Pago de Vallegarcía, un entorno único para unos vinos únicos

Vallegarcía es una finca, en el marco de un paraje único que conserva una flora y una fauna de gran valor ecológico, que ocupa 1.500 hectáreas, 31 de las cuales están plantadas con viñedos de varietales franceses (merlot, cabernet franc y cabernet sauvignon, syrah, petit verdot y viognier). Y es que los Montes de Toledo, donde se encuentra esta joya, no era una zona con tradición productora de vinos. La afición por este mundo de su propietario, Alfonso Cortina, le llevó a crear una bodega en la que elaborar vinos que se asemejaran a los de Borgoña y Burdeos, en el área de influencia del Parque Nacional de Cabañeros.
En el año 2006 se inauguraban las instalaciones actuales en esta finca, ubicada en la localidad de Retuerta de Bullaque, provincia de Ciudad Real, aunque ya se habían elaborado cosechas anteriores en la bodega Dehesa del Carrizal, con uvas de sus propios viñedos. El diseño y equipamiento son de los más modernos que existen en nuestro país.
Su punto fuerte es el viñedo, diseñado por el experto australiano Richard Smart, y actualmente reciben el asesoramiento del enólogo Eric Boissenot, como nos explica su director general, Adolfo Hornos, perfecto anfitrión durante toda nuestra jornada.
El edificio se divide en 4 naves, interconectadas para facilitar el trabajo pero independientes, con el fin de mantener la escrupulosa limpieza e higiene que predomina en todas y cada una de las partes del proceso de elaboración: zona de fermentación, sala de barricas, embotelladora-etiquetadora y botellero.
Los vinos que salen de Pago de Vallegarcía se hacen exclusivamente con sus viñedos propios, vendimiados a mano. Cada variedad se vendimia y vinifica por separado para, tras estar una primera fase en barrica francesa, pasar a formar parte del ensamblaje final de cada vino y acabar su crianza en roble.
Nos fascina su Viognier, uno de los blancos más peculiares, complejos y exóticos que se hacen en España -también hacen otro blanco viognier, de nombre Miriade, mas sencillo-. Elaboran un Syrah, de gran personalidad y, con cabernet sauvignon, cabernet franc, merlot y petit verdot, hacen el vino estrella, Hipperia, mas estructurado y con mayor potencial de crianza que el segundo, Petit Hipperia, con las mismas variedades, pero mas joven, frutal y sencillo de beber. La etiqueta cada año la diseña un artista, teniendo siempre como motivo el caballo, buque insignia de la bodega.

Puesta de largo de Viña Lanciano en Madrid

Bodegas Lan (www.bodegaslan.com) ha desembarcado en el hotel Villamagna de
Madrid para, en una interesante exposición y cata, presentarnos sus vinos, procedentes de las uvas de su gigantesca finca (72 hectáreas), Viña Lanciano, que se ubica en un meandro elevado sobre el río Ebro, entre Rioja Alta y Rioja Alavesa.

Esta finca es el principal activo de la bodega, con sus suelos pobres y pedregosos y sus viñedos de cierta edad de las variedades tempranillo, graciano y mazuelo. La mineralidad es la principal característica de sus vinos y su nexo en común.

Tuvimos una interesante experiencia al catar el vino de cada variedad, por separado, para después probar el resultado final (Tempranillo, Mazuelo y Graciano, de 2014).

Viña Lanciano Reserva 2010 es el más emblemático de la bodega, hecho con un 85% de tempranillo, 10% de mazuelo y 5% de graciano, procedentes de cepas de más de 30 años. Durante 12 meses se cría en barrica de roble francés y 6 meses en barrica de roble ruso del Cáucaso. Pasa 18 meses afinándose en botella. Presenta un tono rojo púrpura y en nariz notas de frutos rojos y negros, mentolados y bosque bajo. En la boca se siente la frutosidad y la elegancia de un vino con personalidad.

Lan a mano 2011 se elabora con uvas procedentes del pago «El Rincón» de las variedades tempranillo (80%), graciano (12%) y mazuelo (8%) de viñedos de más de 35-40 años. Tiene 7 meses de crianza en roble francés y 6 meses en roble nuevo del Cáucaso. Visualmente se le aprecia un color granate y en la fase olfativa destacan las notas a fruta madura, balsámicos y de especias. Al probarlo, destaca su estructura y potencia. A mi es el que mas me gusta.

Culmen Reserva 2010 sólo se elabora en las mejores añadas con un 85% de tempranillo y 15% de graciano de una selección de cepas de más de 40-60 años. Pasa 24 meses en barrica nueva de roble francés de grano muy fino y 20 meses en botella para pulirse. Su color es rojo picota y su nariz está llena de matices, con toques a frutas, flores, especias y balsámicos. En boca, resulta estructurado y con gran cuerpo.

 

Cien años de Raimat

No todos los días se cumplen cien años y tampoco es habitual que formes parte de la celebración. Así que para mí fue un lujo, acudir al centenario de Raimat (www.raimat.com), en Lérida, fundada en 1914 por Manuel Raventós, y hoy considerada una de las bodegas de vinos más destacadas del sector con un viñedo único en Europa.

Manuel convirtió un desierto pedregoso en una de las mejores fincas vitivinícolas; en 1918 se construyó la primera bodega en hormigón forjado por el arquitecto modernista Joan Rubio Bellver, discípulo de Gaudí y se fueron equipando con la maquinaria más avanzada.

Hacia los años 70 plantaron las primeras variedades foráneas en la península como cabernet sauvignon, merlot o chardonnay y en 1988 construyeron la nueva bodega, caracterizada por una perfecta simbiosis con el paisaje, y cuyo terreno que la corona está plantado con un viñedo. En los 90, Raimat se convierte en líder europeo en viticultura sostenible.

Para conmemorar su centenario, han lanzado el vino Raimat100. Es de producción limitada (poco más de 600 botellas), que procede de sus mejores parcelas de las uvas chardonnay y xarel.lo. Es un vino de guarda y exclusivo que responde a un importante trabajo de investigación de la bodega que ha seleccionado la mejor microparcela de variedades de la finca, con unos suelos y un clima muy característicos.

Se han usado distintos tipos de madera y de barricas para su fermentación y crianza y el resultado es un vino con un marcado carácter continental en una zona muy mediterránea.

Bodegas Roda, 25 años haciendo historia (1)

Bodegas Roda (www.roda.es) celebra su 25 cumpleaños este 2013 manteniendo su innovadora visión y el posicionamiento de sus vinos en primera fila junto a los mejores del mundo. Esta representativa bodega de la Denominación Calificada Rioja me concedió el honor de sumarme a esta celebración en la localidad de Haro.

Con un gran equipo técnico entre sus activos, lideran proyectos internacionales de I+D+i y elaboran 4 marcas en Rioja, además de Corimbo,en Ribera del Duero: Sela, Roda, Roda I y Cirsión, todos ellos un gran exponente del perfil del Rioja moderno.

A finales de los años 80, Mario Rotllant y Carmen Daurella fundaron Bodegas Roda en el mítico barrio de la estación de Haro «con la intención de hacer algo nuevo y aportar algo diferente al mundo del Rioja».

Además de diferentes catas verticales que han llevado a cabo por todo el mundo para celebrar sus bodas de plata, lanzar un pack de vinos de edición limitada y realizar una exposición de 50 fotografías, recientemente reunieron a un grupo de amigos y prensa especializada en su bodega. Para mí fue más que un placer compartir esta experiencia, sumarme a este aniversario y aprender de los que saben.

Hay que destacar la creación de su banco de germoplasma de tempranillo, en el que han desarrollado el material vegetal «Familia Roda 107», escogido tras una serie de estudios agronómicos y enológicos en sus viñedos viejos. La diferencia entre éste y el clon convencional es que el primero lo forman un conjunto de plantas similares carentes de virus y el segundo es una unidad de características determinadas. Esto redundará en atender la cada vez mayor demanda de vinos de calidad.

En nuestra visita, guiados por Agustín Santolaya, director de la bodega, empezamos catando «añadas difíciles», «cosas curiosas», resultantes de la complicada climatología de cada año:
-Roda I 1992
-Roda II 1993
-Roda I 1997
-Roda I 1999

Curiosa experiencia la de probar no sólo las añadas excelentes, porque todas tienen su historia, sus particularidades y su trayectoria. Y en una bodega, ninguna de ellas se olvida.

Esta primera parte finalizó con un estupendo almuerzo en el restaurante «La Vieja Bodega» (www.viejabodega.com), en Casalarreina, con platos como el pisto riojano con bacalao, hongos salteados, mollejas de lechal empanadas y fritas, rabo de toro deshuesado y sopa de chocolate blanco. Para beber: Sela 2010, Corimbo 2010, Roda 2008, Roda I 2007, Corimbo I 2009 y Cirsión 2009.

 

Nace Codorniu Ecológica

Me gustan los vinos espumosos lo que más. Siento fascinación por el champagne pero jamás le hago ascos a un buen cava. La prestigiosa bodega catalana Codorniu ha lanzado al mercado una versión de un cava ecológico que merece la pena probar.

Se llama Codorniu Ecológica y está producido con las clásicas variedades autóctonas que se utilizan para elaborar este producto: xarel.lo y parellada, en este caso cultivadas en los mejores viñedos ecológicos ubicados en el Alto Penedés y Penedés Central, certificados como tales por la Unión Europea y Estados Unidos.

En el aspecto visual, presenta un color amarillo pálido con una burbuja muy fina y persistente. En nariz destacan los aromas puros y limpios de la uva y en boca sobresale su frescor, su juventud y sus matices tanto frutales como florales.

Todas las variedades de este cava se vendimian en días diferentes para garantizar su pureza y evitar cualquier contacto con otras variedades. Se vinifica en depósitos diferentes que se encuentran en una zona especial de la bodega. Su envejecimiento, de 9 a 12 meses, se realiza en la zona más alejada y tanto su embotellado como su etiquetado se hacen utilizando materiales ecológicos.

Este Codorniu Ecológica permite un maridaje de lo más versátil y es perfecto para acompañar platos ligeros de verduras, pescados y carnes blancas, sin salsas muy especiadas.

 

Comida en Cepa 21

Sigo la impecable trayectoria de los hermanos Moro desde hace unos años. Elaboran algunos de los mejores vinos, tanto en la bodega Emilio Moro (http://www.emiliomoro.com/), como en Cepa 21 (http://www.cepa21.com/), ambas dentro de la D.O. Ribera del Duero. Además, desde no hace mucho han creado la Fundación Emilio Moro en la que llevan a cabo numerosas acciones solidarias y eso merece todo mi respeto y admiración.

Hemos visitado las dos bodegas. Ambas están abiertas al público, previa cita telefónica. En Emilio Moro, te enseñan todo el proceso de elaboración del vino y te ofrecen una cata (el precio depende del número de vinos). Incluso, por 23€ existe la posibilidad de disfrutar, junto al vino, de un picoteo en el comedor que tiene en la parte de arriba.

Cepa 21 es una bodega mucho más moderna y de arquitectura minimalista. Está abierta al visitante para conocer sus instalaciones, descubrir cómo elaboran sus vinos y una degustación. Pero, además, tiene un restaurante abierto al público, cuya visita merece mucho la pena.

En su cocina oficia Alberto Soto, que lleva desde el inicio al frente de los fogones. Define su cocina como tradicional, de sabores reconocibles y sobre todo «en la que se percibe un esfuerzo». Elabora dos menús: uno tradicional por 48€ y otro degustación por 60€.

Nosotros disfrutamos del tradicional y nos encantó. Bebimos Hito, uno de los vinos que se elaboran en Cepa 21, magnífico. Empezamos por unas cremas de berenjena, tomate y mostaza con grisines; unas croquetas semi líquidas de cecina (buenísimas) y unas curiosas mini magdalenas de morcilla con piñones. Nos gustó mucho el guiso de patatas a la importancia con bogavante y el huevo frito en tempura con su espuma de patata, crema de chorizo y crujiente de bacon. El plato fuerte fue el lomo de buey a la brasa, delicioso como las patatas fritas que lo acompañaban. Terminamos con una delicada milhojas de crema pastelera y sopa de chocolate.

Milmanda 2008, una apuesta blanca segura de Torres

Torres es una de las bodegas españolas con mayor proyección internacional. Su vino blanco, Milmanda, es una apuesta segura. Acaba de salir al mercado la añada 2008 a un precio de 35 euros.

Milmanda nace en la Conca de Barberà, entre los municipios de la Espluga de Francolí y Vimbodí, en la depresión del Ebro. De gran riqueza histórica, la finca se ubica en un lugar singular, dominado por un castillo medieval donde cazaron los emperadores Carlos V y Felipe II, y que sirvió de cobijo a los cristianos en tiempos de la reconquista. En el siglo XII llegó la paz a estas tierras, reiniciándose así el cultivo de las viñas, en el mismo enclave donde hoy la Familia Torres tiene la finca Milmanda -de 15 hectáreas de Chardonnay-, una zona privilegiada que goza de las temperaturas más frescas de la comarca. En este viñedo se hace una rigurosa selección de las uvas para dar lugar a uno de los vinos más laureados de España, el blanco icono de la familia Torres.

La finca Milmanda posee unos suelos profundos, con un PH básico, una capacidad de retención del agua muy alta y un elevado contenido en caliza activa. La mayoría de la finca descansa sobre materiales carbonatados del Oligoceno, donde destacan las margas rojizas y algunas zonas puntuales de conglomerados. Gracias a estos suelos los viñedos de Chardonnay dan lugar a vinos muy ricos en aromas, texturas y sabores.

Milmanda es un vino blanco 100% Chardonnay perteneciente a la D.O. Conca de Barberà. Un vino de compleja y armoniosa combinación de aromas, elegante, noble y de gran linaje. La añada 2008 se caracterizó por su gran calidad debida en parte a la climatología: un invierno muy seco, con abundantes lluvias en primavera y temperaturas moderadas en verano, que favorecieron una maduración lenta y constante del viñedo, lo que resultó una cosecha de menor cantidad pero de muy buena calidad. La añada 2008 posee un intenso aroma, con notas frutales de cítricos y compota de melocotón, y fondos de vainilla muy finos. Aporta un paladar graso y muy amplio, una excelente acidez y una agradable expresión de las notas frutales del aroma. Un vino complejo, fermentado y criado en barrica de roble francés, ideal para acompañar mariscos y crustáceos, así como recetas de pescado y aves. Servido siempre entre 8 y 10ºC. Bien conservado mejorará en 4 o 6 años.

Experiencia total en Arzuaga

¡Por fin vuelvo por estos lares! Han sido meses de muchísimo trabajo y no he tenido ni un momento para dedicarme al blog. Pero a partir de ahora, prometo sacar un huequecito para comentar mis últimas vivencias gastronómicas.

Ayer tuve la suerte de estar en Bodegas Arzuaga, en Quintanilla de Onésimo (Valladolid) (http://www.hotelarzuaga.com/), en el corazón de la Ribera del Duero, denominación de origen que posee más de 200 bodegas. ¡Ahí es nada! (Sobre todo, porque de lo que se trata es de vender el vino ¡y tal y como están los tiempos, y teniendo en cuenta que el consumo en España no para de decaer…!)

Llevaba muchos meses planeando esta visita pero hasta ayer no fue posible materializarla. Y he decir que ¡es una experiencia de lo más completa y muy muy recomendable! Además de la bodega, donde se elaboran los reconocidísimos vinos de esta familia (de la que forma parte la famosa diseñadora), disponen de una espectacular finca que alberga ciervos, jabalíes y muflones, un hotel, de 96 habitaciones, con muchísimo encanto, un restaurante de comida tradicional y un spa en el que ofrecen mil y un tratamientos, entre los que se encuentran, como no podía ser de otra forma, los hechos a partir del vino.

Aquí todo está pensado para complacer al visitante. En la finca disfrutarán mayores y, sobre todo, pequeños, pues es un espectáculo ver a los animalitos a solo dos palmos de uno -tranquilos, no hacen nada, son de lo más pacíficos- Y el ecosistema es impresionante, poblado de incontables encinas -sin olvidarse de la que tienen milenaria- y al lado de los viñedos que tiene la bodega, plantados sobre todo con tempranillo, algo de cabernet sauvignon, merlot y chardonnay.

La parte más llamativa de la bodega es la sala de barricas, donde Arzuaga cría todos sus vinos ( los tintos La Planta, Gran Arzuaga, Gran Reserva, Amaya, Reserva Especial, Reserva, Crianza; el blanco Fan d’Oro y el espumoso, Txapana) en madera francesa y americana.

El hotel conserva una parte castellana con una decoración más tradicional pero os recomiendo pernoctar en la parte moderna, decorada con un exquisito gusto. (Los que quieran tirar la casa por la ventana, ¡directos a la impresionante suite! Eso sí, a costa de una nómina).

También se puede comer en Arzuaga. En su restaurante hacen una cocina tradicional. Nosotros probamos una tosta de sardina marinada con tomate y cebolla confitada -¡deliciosa!-; la típica morcilla de la zona con pimientos rojos asados -¡qué crujiente y qué poco grasienta!-; un carpaccio de ciervo bastante aceptable y, para mi LO MEJOR, el pincho de lechazo asado con ensalada. He de decir que no soy muy fan del lechazo y me encantó porque aquí lo sirven en brochetas cocinadas a la brasa, ¡qué sabor más rico!

Para beber, ¿qué? Pues los vinos de la casa. Probamos uno que Arzuaga está haciendo en La Mancha, de nombre Pago Florentino, añada 2008, con una crianza de 12 meses en barrica, que tiene su propia denominación de origen. Nos gustó… (Sin ofender, pero no parece un vino manchego). Luego, una auténtica joya: el Arzuaga Reserva Especial, añada 2004. De esos vinos para seguir bebiendo en la sobremesa ¡y no hartarte!

Claro, que para mi casi lo mejor fue el colofón de esta visita: un tratamiento de vinoterapia en su spa. Una deliciosa cobertura caliente con un producto -aceite, crema o similar- hecho a partir de vino. Te envuelven en unos plásticos y te sumergen en una bañera con burbujas. ¡La sensación de relajación es tal que dicen que 20 minutos aquí equivalen a 3 horas de sueño! Encima, te dan un masaje con aceite en la cara y después, ¡al jacuzzi con tinto Reserva Arzuaga, mientras disfrutas de una copa del mismo vino!

¿Se puede pedir más? Definitivamente soy una privilegiada que da las gracias, desde aquí, a Victoria Díez, a Cristina Peñín y a Ignacio Arzuaga. Agradecida por pasar una de las jornadas más agradables de los últimos tiempos.

Nota: Gracias a Jorge Toledo por cederme la foto.

Fin de semana en Sanlúcar

Gracias a la gentileza de Bodegas Barbadillo he estado un fin de semana en Sanlúcar de Barrameda, con motivo de sus carreras de caballos en la playa. ¡Sólo por ver el ambientazo de esta localidad gaditana en esas fechas bien merece la visita! Y no digamos probar su riquísima gastronomía…

La primera parada fue en una de sus espectaculares bodegas, ya que Barbadillo tiene repartidas varias por todo el municipio. Bodegas donde se elabora su inconfundible manzanilla Solear, el famosísimo vino blanco Castillo de San Diego o el Palo Cortado Obispo Gascón, entre muchos otros.

Después de tomar un tentempié en la bodega, ponemos rumbo al restaurante A Poniente, en el Puerto de Santa María. Tenemos una cita con la gastronomía que hace Ángel León, el chef del mar. Uno de los mejores restaurantes andaluces, como pudimos comprobar. El mejor representante de la cocina marina.

El menú, regado con los vinos de la Bodega Pirineos de la D.O. Somontano -ahora propiedad de Barbadillo, comienza con una cucharadita de plancton en estado puro, de las más de 16 especies que existen. El sabor alcalino no puede ser más intenso y nos predispone para el siguiente plato: una torta de pan magrebí con lomito ibérico, muy suave. Será el único elemento cárnico que probemos, pues a partir de aquí, todo lo que desfila son platos de pescado.

Deliciosa la caballa en adobo, curada en sal y marinada. Viene servida con sésamo y empanada con wasabi. Aún nos gustan más los lomitos de sardina, asadas en las brasas de huesos de aceitunas, y servidos sobre una torta con piriñaca -una especie de pipirrana de verduritas-.

Es el turno de la gamba blanca acompañada con un caldo emulsionado con el jugo de la propia cabeza. Es de un sabor tan intenso que anula el sabor del propio crustáceo. Después llegan unas empanadillas de chocos de corral rellenas de su propio guiso. ¡Un bocado exquisito!

Uno de los platos fuertes es el arroz cocinado con plancton marino, tartar de calamares de potera y alio oli tradicional, con el grano en su punto y pleno de sabor.

Llega un cazón de palangre ahumado con emulsión del plasma de su sangre que se centrifuga y el resultado se emulsiona con aceite ahumado dando lugar a una especie de pil pil. Bajo mi punto de vista, resulta un plato un tanto pesado por el efecto de esta salsa densa y algo grasienta.

El último plato es una lisa -fruto del trabajo que Angel León está haciendo tratando de recuperar especies un tanto despreciadas- servida con pil pil de plancton y buñuelo de camarón.

De los postres, nos quedamos con el Coulant caliente de almendras y helado de canela pura, en honor a Medina Sidonia, aunque antes nos sirven un digestivo sorbete de manzana verde que tampoco está nada mal.

En definitiva: uno de los mejores almuerzos de los que hemos disfrutado este año. Aunque nos quedamos con las ganas de probar esos embutidos del mar que Ángel está haciendo a base de pescado.

Después nos acercamos a vivir de cerca el ambiente de las carreras desde el palco de Barbadillo para finalizar la jornada con una cena en el delicioso jardín de la bodega donde probamos los estupendos langostinos de la zona, de carne prieta y muy sabrosa; un jamón ibérico de diez, un salmorejo y unos lomos de lubina con tomate, cebolla y patata. La parte líquida: Manzanilla Solear y Castillo de San Diego.

Al día siguiente, visitamos el viñedo Gibalbín de Barbadillo, donde tienen plantadas las variedades con las que elaboran su vino tinto del mismo nombre y también conocimos sus instalaciones de vinificación. ¡Espectacular!

El famoso restaurante Casa Bigote, de Sanlúcar, nos esperaba para el almuerzo. De nuevo, el mar es el protagonista con sus langostinos, sus huevas de choco, su lomito de caballa con salmón ahumado, el morrillo de atún con pimientos, las acedías fritas y el rape en salsa de pan frito. Nos encantó el postre: helado de málaga con pasas regado con vino Pedro Ximénez, de Barbadillo, of course.

Otra vueltecita por las carreras de caballos en la playa y fin de fiesta en Casa Balbino, uno de los locales de tapeo por excelencia de Sanlúcar. Allí no se puede dejar de probar las tortillitas de camarones, la ensaladilla rusa, los montadillos de carne mechada, las croquetas y un sinfín de raciones y tapas más con el sabor andaluz más auténtico.

La tercera jornada transcurrió a bordo de un barco, alquilado para la ocasión, un auténtico lujo surcar el mar en compañía de los vinos de Barbadillo y Pirineos. Hasta el punto de que no queriamos volver a Madrid… pero como todo lo que empieza tiene un final, aquí estamos, en la capital, ya instalados, y dando comienzo al nuevo curso escolar.

PD. Nuestro más sincero agradecimiento a Barbadillo (Sofía, Rosario, Fori, Nacho…) que ya se han convertido en amigos nuestros.

Remírez de Ganuza, 100 puntos Parker

La prestigiosa publicación estadounidense The Wine Advocate, dirigida por Robert Parker, ha calificado el vino Remírez de Ganuza Gran Reserva de la añada 2004 con 100 puntos, máxima categoría que otorga este afamado boletín.
Con esta calificación la revista premia la apuesta que lleva haciendo desde hace años la bodega por las largas crianzas en barrica nueva.
El de Remírez de Ganuza es el primer Gran Reserva en alcanzar los 100 puntos Parker.
La inversión realizada por Fernando Remírez de Ganuza en investigación y desarrollo también se ha visto reconocida en su vino Trasnocho, calificado con 98 puntos. Este vino, que utiliza un sistema de extracción único que ha llevado 10 años de experimentación, no había sido catado por el equipo de Robert Parker hasta el mes pasado y a fecha de hoy aún no está disponible en los Estados Unidos.
En la cata que realizó de los vinos de Remírez de Ganuza, el crítico Jay Miller volvió a catar el Reserva 2004, subiendo su calificación de 96 a 97 puntos, y el Reserva 2001, que pasa de 94 a 97 puntos Parker. Los vinos de la bodega siguen dando testimonio de una gran evolución en botella, consecuencia de su larga y cuidadosa crianza en barrica nueva.

Fernando Remírez de Ganuza piensa seguir experimentando e innovando y desde la añada 2008 cuenta con una nueva sección en la mesa de selección que lava las uvas con su propio mosto y a la que tiene previsto hacer una serie de mejoras para optimizar su funcionamiento en la próxima vendimia.

Visita a Pazo de Señorans

La semana pasada tuve la suerte de visitar la bodega gallega Pazo de Señorans (Vilanoviña-Meis-Pontevedra), perteneciente a la denominación de Origen Rias Baixas. El Pazo que le da nombre es espectacular, el entorno una maravilla y los vinos que elaboran son excelentes. Por si fuera poco, gozamos de la hospitalidad de su propietaria, Marisol Bueno, su hija, Vicky, y la enóloga de la bodega, Ana Quintela.

Soy una fan de su vino Selección de añada, así que, junto al grupo de colegas periodistas que participaron en la cata vertical, tuve una oportunidad única de disfrutarlo. Catamos las añadas desde 1999 a 2004 y 3 añadas del vino Pazo de Señorans, todos elaborados con un cien por cien de la variedad albariño. Un auténtico lujo.

Lo verdaderamente sorprendente es que todas las añadas son buenas. Cada una en su estilo, con sus peculiaridades, pero todas fabulosas. Y es que en esta zona se dan unas cualidades naturales magníficas para hacer unos vinos de gran calidad que han demostrado que evolucionan de una manera muy favorable en el tiempo. Su combinación de grado, acidez y ph muy corto contribuyen a que estos vinos blancos se puedan disfrutar muchos años después. Son complejos, delicados y presentan un sinfín de matices.

Y es que la filosofía de Pazo de Señorans se basa en la estricta calidad de sus vinos y la búsqueda de la máxima expresión el albariño.
Vinos, además del Sol de Señorans 2006, con los que también regamos el suculento almuerzo que nos ofrecieron en las instalaciones del pazo -donde se celebran numerosos eventos-. Una comida al más puro estilo tradicional, con unas deliciosas cigalas cocidas (mejor la cabeza que el cuerpo), unas vieiras gratinadas (con su cebollita y su salsita de tomate), una  merluza guisada con huevo duro picado y perejil (al parecer una receta muy de la casa) y un capón guisado con puré de patata (y un toque de nuez moscada). De postre. las clásicas filloas gallegas con varios acompañamientos (mermeladas, miel, nata y frutas varias). ¡Todo un festín en el que los vinos de Pazo de Señorans brillaron con luz propia!

Gracias a Jorge Toledo por las fotos.

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